miércoles, 1 de febrero de 2012

Poemario

               

                 JOSÉ GARCIA NIETO

 Breve Biografía

José García Nieto, nace en Oviedo, el 6 de julio de 1914, en el nº 8 de la calle Portugalete (hoy Melquíades Álvarez nº 6). Sus padres fueron don José García Lueso y doña María de La Encarnación Nieto Fernández. El padre, que tenía la carrera de derecho, se dedicó al periodismo. Queda huérfano de padre a los 9 años y con su madre vive en Zaragoza, Toledo yMadrid, donde estudia el bachillerato y comienza a hacer versos. Al comenzar la Guerra Civil española (1936-1939), ocupa el puesto de secretario del ayuntamiento de Chamartín de la Rosa (que luego sería absorbido por el ayuntamiento de Madrid), es movilizado y al terminar la guerra vuelve al ayuntamiento.
Desde entonces se dedica a la literatura, especialmente a la poesía, al teatro, incluyendo la adaptación de clásicos españoles y al guion cinematográfico.
En 1950 obtiene el Premio Adonais por Dama de soledad.
Obtiene el Premio Fastenrath de la Real Academia Española por Geografía es amor en 1955.
En 1951 y 1957 obtiene el Premio Nacional de Literatura.
En 1980 obtiene el Premio Mariano de Cavia de periodismo.
Es elegido académico de la Real Academia Española el 28 de enero de 1982, ocupando el sillón "i" que dejó vacante José María Pemán.
En 1987 obtiene el Premio González-Ruano de periodismo.
En 1996 le conceden el Premio Cervantes por el conjunto de su obra. (Wikipedia)

Explicación del Poema

En la poesía española contemporánea hallamos más poemas religiosos de lo que se suele pensar. Como un ejemplo, en uno de sus  poemarios José García Nieto incluía su poema "Gracias Señor".
En este poema expresa sus sentimientos ante el misterio de la muerte, de esa hora incierta que nadie conoce,
de sus sentimientos ante esta incertidumbre y de su relación con Dios. Al mismo tiempo es una súplica sobre ese querer encontrar alguna respuesta, a pesar de todo.

Poema

Gracias, Señor, porque estás...
Gracias, Señor, porque estás
todavía en mi palabra;
porque debajo de todos
mis puentes pasan tus aguas.
Piedra te doy, labios duros,
pobre tierra acumulada,
que tus luminosas lenguas
incesantemente aclaran.
Te miro; me miro. Hablo;
te oigo. Busco; me aguardas.
Me vas gastando, gastando.
Con tanto amor me adelgazas
que no siento que a la muerte
me acercas…
Y sueño…
Y pasas…
Vas a pasar, Señor, ya sé quién eres;
tócame por si no estoy bien despierto.
Soy hombre, ¿me ves?, soy todo el hombre.
Mírame Tú, Señor, si no te veo.
No hay horas, no hay reloj, ni hay otra fuerza
que la que Tú me des, ni hay otro empleo
mejor que el de tu viña…
Pasa…
Llama…
Vuelve a llamarme…
¿Qué hora es? No cuento ya bien.
¿Es la de la sexta?, ¿la de nona?,
¿la undécima? ¿o ya es tarde?
Pasa…
Quiero seguir, seguirte…
Llama. Estoy perdido;
estoy cansado; estoy amando, abriendo
mi corazón a todo todavía…
Dime que estás ahí, Señor; que dentro
de mi amor a las cosas Tú te escondes,
y que aparecerás un día lleno
de ese amor mismo ya transfigurado
en amor para Ti, ya tuyo.
¡Grita! ¡Nómbrame,
para saber que todavía es tiempo!…
Hace frío…
¿Será que la hora undécima
ha sonado en la nada?…
Avanzo,
muerto de impaciencia de estar en Ti,
temblando de Ti, muerto de Dios,
muerto de miedo.
Yo soy el hombre, el hombre, tu esperanza,
el barro que dejaste en el misterio.





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